lunes, 29 de noviembre de 2010

HISTORIA DE JIMMY, UN NIÑO MÁS EN LAS CALLES


“Regáleme un traguito monita”, es una frase impactante cuando viene de los labios de un niño de tan solo diez años de edad, un niño que por su apariencia y forma de hablar, parece no tener un hogar.

Jimmy es un menor que a su corta edad consume alcohol y cigarrillo “para calmar el hambre” como él mismo lo afirma, visitando los diferentes bares y discotecas ubicados a los alrededores de la universidad Santiago de Cali.

Algunas personas afirman que este niño de tan corta edad, se destaca por creerse una persona adulta al querer consumir sustancias prohibidas para menores.

Este niño siempre se ha destacado por ser un niño agresivo, agresividad que se la ha inculcado la misma sociedad al tratarlo como se dice popularmente “a las patadas”, cuando al pedir dinero para comer lo insultan o lo ignoran y a veces según afirma él mismo, lo maltratan.

“ese monito mantiene viniendo a este negocio, a veces no hay problema con él porque algunos muchachos lo quieren y lo colocan a bailar con el fin de divertirse, ¡hasta trago le dan! El problema es que este niñito siente la confianza para molestar a todas las personas y no a todos les gusta, por eso he tenido que sacarlo en varias ocasiones para evitar problemas y que no se me vaya a ir la clientela”, afirma Mario, dueño del bar ‘beba Genoveva’ ubicado en la Calle Novena con carreras 63 y 64.

“Hay que beber, no ve que el trago me hace olvidar los problemas de mi casa, la falta de plata; y tomar me hace sentir bien y así se me quita el hambre además, hay unos pelados que son bien conmigo y cuando les pido trago me dan, ¡a veces salgo más borracho! Aunque algunos pelados son todos tocados y me pegan solo porque les pido”.

“En cambio con la comida es más difícil, a veces me reúno algunas moneditas y me compro alguito pa’ comer, aunque todos los días como, pero no tan bueno como algunas veces que me gastan almuerzo en algún restaurante”, dice Jimmy con una sonrisa de oreja a oreja y saboreándose los labios la recordar esos manjares que en ocasiones un alma compasiva decide ofrecerle.

Los frijoles son la comida preferida de este niño, que no pide trago porque lo prefiera, sino porque es lo que las personas le dan con más facilidad con el fin de entretenerse, y esto es lo que se puede descubrir al hablar con él.

Mientras espera pacientemente la llegada de la mesera con un plato de frijoles, en un restaurante llamado Dolce Vita, ubicado en la carrera 62 al frente de la universidad Santiago de Cali, Jimmy se toma tres vasos de jugo de tomate de árbol, y no para de jugar con los cubiertos.

En la espera, Jimmy no deja de mirar hacia la cocina anhelando la llegada de ese suculento plato de comida, cada vez que veía salir la mesera con una bandeja, se le iluminaba el rostro y se le hacía agua la boca al saborearse, y al ver que no era su pedido, su rostro volvía a mostrar ese niño al que la vida siempre le juega malas pasadas.

“¡Huy! Se me hizo larguísima esta espera, con esta hambre que tengo pensé que no me iban a traer los frijolitos”, expresa Jimmy cuando llega su almuerzo, e inmediatamente empieza a disfrutar de este delicioso plato.

Cinco minutos pasan mientras almuerza, en ocasiones habla con la boca llena de comida, pero recuerda que esto es de mala educación y espera a terminar, mientras come con un poco de ansiedad, su apariencia de niño problema se borra de su rostro y deja una sensación de ternura que trata de disimular para no sufrir cuando sale a enfrentarse a la intemperie en un mundo lleno de peligro y desprotección.

Contrario a lo que muestra su apariencia, tiene un hogar y unos padres, que todos los días se levantan temprano para salir a las 6:30 a.m. a trabajar como vendedores de dulces en los buses, se llevan a su hermano mayor que tiene 14 años de edad dejando a Jimmy solo, a veces con hambre lanzándolo a la mendicidad y el consumo, al no tener quien lo controle o lo cuide.

En ocasiones, se le puede ver jugando maquinitas en una tienda ubicada en la carrera 62 entre calles séptima y octava, en su mirada irradiada de alegría se puede notar al niño de diez años, que como todos los de su misma edad prefieren divertirse en un juego inocente, a andar por las calles jugando un papel que no le pertenece protagonizar.

A pesar de tener esa apariencia agresiva y llena de rencor, Jimmy es un niño lleno de sueños e ilusiones en un mundo que no lo ha tratado bien, un niño que al igual que muchos en Colombia, en lugar de tener la posibilidad de estudiar tiene que pedir y crecer prácticamente sólo, en los peligros de la calle.

Son muchos los casos de este tipo que abundan en nuestro país, y son muchos los niños que como Jimmy están consumiendo sustancias sicoactivas
Para calmar y olvidar problemas como el hambre, la falta de dinero, los problemas en el hogar, la falta de una familia, y un sin número de factores que influyen en el consumismo y la mendicidad.

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